FilosofíaYoga

Primeros pasos en el Yoga

 

Mis primeros pasos en el yoga los di en Buenos Aires cuando todavía vivía ahí, mas o menos por el 2013. Una amiga siempre me recomendaba que probara una clase de yoga, insistiendo en la buena química que el yoga y yo tendríamos y en los beneficios que me daría. Yo había escuchado muy poco sobre esta disciplina pero veía que mi amiga mejoraba en su postura y la veía mas tranquila y feliz así que dije, why not? 

Justo en el centro donde yo practicaba pilates iba a entrar una profe a dictar Hatha Restaurativo dos veces a la semana. No la pensé dos veces y me anoté. En ese momento no tenía idea de la cantidad de estilos que existían ni el universo que había detrás. Para mi yoga era eso

YOGA

Y para ser completamente sincera, recuerdo que mi primera clase fue dura. Todo era muy nuevo para mi, desde las posturas y los movimientos hasta los nombres como.. "perro mirando hacia abajo" Hasta recuerdo que por momentos me entraban pequeñas risas por que me sentía muy, muy extraña y bizarra.

Pero, esa clase también tuvo algo que me enganchó. Sentía que de alguna manera los ejercicios que se hacían podían ayudarme a mejorar mi postura y "abrir mi corazón". Había algo en la yoguini, Adriana, que me inspiraba muchísimo. Tenía una luz y una presencia .... yo estaba in love. Además luego de mi primera clase sentí tremenda paz! 

Me enganché por muchos años y probé distintos estilos. Me di cuenta que el yoga me traía enormes beneficios. Comencé a ver un camino que me ayudaba a conocerme mejor y a sentirme bien y decidí que no lo iba a dejar. Ahí todo comenzó a cambiar (para bien).

Algo que sentí a nivel físico fue el balance que me empezó a dar el yoga. Yo siempre fui muy flexible pero no tenía fuerza (hacer chaturanga era una tortura para mí). Y poco a poco fui ganando más masa muscular. A nivel emocional y mental también empecé a notar cambios importantes. Mi ansiedad había bajado considerablemente, paraba menos estresada y hasta mis hábitos alimenticios cambiaron un montón. Lo más importante para mi creo que fue dejar de comer animales, y fue una decisión totalmente orgánica. Conforme iba conectándome más con mi cuerpo más entendía que la carne animal me caía bomba y traía cero beneficios para mi salud. Ya con más estudios aprendí que la industria tampoco es buena para el planeta.

Justo antes de regresar a Perú Adriana me recomendó que hiciera un profesorado para profundizar en mi práctica. No con intenciones de enseñar, tan solo para conocer más sobre lo que había detrás de este universo.

Se me presentó la oportunidad de realizar uno en el valle sagrado de Cusco guiado por un yogui increíble que venía de la india, Noah McKenna. Para mi fue increíble como justo en el momento que yo empacaba mis maletas se abría esta oportunidad. 

Tres meses después de volver de Baires viajé a Cusco. Pasé de vivir entre edificios a las montañas. De la nada me encontraba en el medio del valle yendo hacia un profundo estado de sanación y auto re-conocimiento. Lo único que pensaba era: Tierra inca SAGRADA, mai gad! Y con mucha dedicación y curiosidad aprendí sobre anatomía, filosofía, asana, pranayama, meditación… Todo era tan nuevo y tan increíble! 

 

Abhyasa y Vairagya. La práctica y el desapego.

 

En ese profesorado entendí que quizás estaba comenzando una nueva etapa en mi vida. Una nueva etapa de más disciplina y entrega hacia esta ciencia milenaria. Pero también comencé a ver que tenía todavía mucho trabajo interno por hacer. Pero sin miedo y confiando dije: me lanzo. Y me lancé.  En ese momento que fue lo más valioso? Aprender sobre estas dos palabras mágicas (Abhyasa y Vairagya): practica con disciplina y entrega (abhyasa) pero con total desapego (vairagya) hacia los frutos de tu práctica.

Cuando volví tenía todavía tanta curiosidad y km por recorrer. Estudié entonces con Rae Indigo y comenzó a parecer lo que sería una historia sin fin. Todo lo que fui experimentando y explorando se volvía cada vez más alucinante. Conocí las maravillas del pranayama y kundalini yoga, sobre el cuerpo energético... exprimentando con respiraciones transformadoras y mantras...  y por último, lo más hermoso, entre en el mundo de la meditación.

Con total honestidad, al principio pensé que hacer yoga era hacer solo las posturas pero luego entendí que hay más.... mucho más. Y que todo dentro de la práctica tiene una razón y un porqué. No se hace por que sí, uno quiere el balance, no el desequilibrio. 

 

¿Cómo decidí enseñar yoga?


La pedagogía corre por mis venas y creo que por eso disfruto seguir estudiando, aprendiendo y compartiendo. Me gusta probar, experimentar y después compartir desde mi experiencia. Lo que mas me fascinó de comenzar a enseñar yoga fue la conexión y la unión que sentía conmigo y con el resto. Pufff.... spaceless n timeless.  Cómo puedo de alguna manera crear vibra para aumentar los ánimos y fomentar la sanación y el bienestar me ha dado una tremenda sensación de gratitud y gratificación. Siento que me hace vibrar más alto. 

El mundo del yoga me ha demostrado algo que es fundamental

 

El amor es incondicional y está siempre presente

 

y esto me devuelve siempre la fe para seguir caminando, conectada con las vibraciones sutiles del universo para no perderle el rastro a mi camino.  

 

Conforme he seguido evolucionando y avanzando, la última gran aventura que tuve fue irme a la India por dos meses (lugar al que toda mi vida soñé conocer) Ahí hice mi tercer profesorado en Rishikesh (la cuna del yoga) y llegué a mi primer vipassana. Vipassana es un retiro de 10 días donde guardas completo silencio, te aíslas de cualquier aparato electrónico y te dedicas a meditar 11 horas al día utilizando técnicas budistas. Suena intenso no? Y es que lo fue, fue muy intenso pero muy revelador y sanador. Me di cuenta de cuanta miseria existe en el mundo y en la mente del ser humano y cómo podemos, con mucha compasión y paciencia, finalmente domar a la mente para liberarnos de tanto dolor y sufrimiento. Esto Buda lo llamó "iluminarse"

Entendí que el secreto está en moldear a la mente y dominarla. Comprendí que la mente tiene un patrón, un hábito de pensamiento que pocas veces se altera y que muchas veces puede volverse nuestro peor enemigo.

Buda enseña que todo es impermanente y que todo está siempre cambiando. Nosotros y el medio ambiente, constantemente. Porqué nos apegamos tanto a las cosas mundanas o a los placeres terrenales? Porqué siempre rechazamos aquello que no nos gusta o que no nos parece? Si todo está siempre cambiando, porqué permanecemos con ideas tan rígidas en nuestra cabeza?

Si aprendemos a observar esta dualidad, podemos aprender a llevar una vida más ligera y tranquila porque aprendemos a soltar, a aceptar el cambio y a vivir más en el presente. 

 

La meditación ha sido mi gran, gran paso dentro del yoga

 

Y ahora muchas cosas se han revelado desde que comencé a disciplinarme más y he tenido una gran aventura. Mucho desapego y gratitud. Mucha paz, menos ira, más felicidad. Menos envidia y más inspiración. Menos sufrimiento y mucha más aceptación. Sobre todo, mucha unión y conexión.
Y lo más lindo... más silencio. 

 

También se me abrió la curiosidad por comenzar a leer temas nuevos como tantra, budismo, taoísmo, mindfulness, nutrición consciente... Somos seres holísticos y nuestra meta en la vida debería ser encontrar el balance tanto interno como externo. Debemos responsabilizarnos por nuestro viaje en esta tierra y no dañarla (ni dañarnos) Aprender a vivir en comunidad y respetar los ciclos naturales de la vida es sabiduría.  

 

Es muy lindo poder ver que mis primeros pasos en el yoga me han enseñado que tengo un espíritu explorador que jamás dejará de asombrarse.

Antes de terminar, 

Aquí te dejo una frase muy linda que espero te inspire: 


"Amate

Perdónate
Obsérvate"

- Osho

 

 

 

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